Las arrugas de Venecia

Campanario de San Marco (Fuente: Sara Beltrame)

¿Es verdad que en Venecia no hay coches?» «No me puedo imaginar vivir en una ciudad donde tienes que ir andando a todos los sitios.» «¿Es verdad que Venecia huele?» «¿Es verdad que en Venecia hay basura en todos lados?» «¡Qué ciudad más cara Venecia!» «Qué ciudad más incómoda y húmeda, con todos estos puentes… horrible.»

Estas preguntas me arañan profundamente el alma, me decepciona y me deja una sensación de vacío, porque la mayoría de la gente se para en el espectro de la primera impresión y no mira más allá. Tales convencionalismos prejuzgan el gozar de tanta maravilla reunida en una sola ciudad.

Yo considero Venecia una joya preciosa, que ha ido conservando detrás de su arrugas, debidas al paso de los siglos, su unicidad, su carácter, su áurea de misterio, sus secretos y historias.

Turistas, visitantes, incluso muchos autóctonos la miran, pasean por sus calles, pero no la observan con ojos atentos. No le dedican el tiempo necesario para comprenderla en toda su esencia. La gente se para a comprar productos de artesanía local y otros corren hacia sus lugares de trabajo, no se fija en todo lo que esta ciudad realmente ofrece. Sin calma ni paciencia, se perderán los pequeños detalles que hacen esta ciudad peculiar. No llegarán nunca a oler el perfume del pan horneado a las cinco de la mañana, que impregna cada centímetro de la calle Cordellina; no podrán contemplar con curiosidad a la gente tan emocionada por el raro fenómeno del acqua alta, que se sumerge en aquel líquido que resulta ser agua de cloaca. No llegarán a interpretar los gritos de los gondoleros gritando «oe» para indicar sus presencia en una vía de agua. Ignorarán el gusto de pasear por la noche descubriendo melodías que provienen de una iglesia abandonada donde un grupo de concertistas ensaya; se perderán el encanto del campo San Giacomo dell’Orio en las bochornosas noches de verano, cuando se transforma en una pequeña sala de tango argentino con sus sensuales bailarines. Sin huir de los recorridos consuetudinarios, no experimentarán la fascinación de perderse entre un laberinto de callejones. No alcanzarán a escuchar el silencio de una ciudad desierta por la noche o el gusto de sentarse en la proa de un vaporetto que se desliza a través de las aguas del Canal Grande, admirando con la cabeza reclinada, los palacios iluminados en toda sus magnificencia.

Venecia tiene mil máscaras, todo depende del rincón desde el que se la escrute.Venecia huele a talento, a polvorientas bibliotecas, rezuma de armascarastistas, de habitantes extravagantes que parecen permanecer bloqueados en una época pasada. Esta es una ciudad de los miles matices y máscaras. Se pone una para cada estación del año, para cada hora del día y de la noche, mutando silenciosa su aspecto. Resulta así aparecer como loca y borracha durante los días de carnaval, romántica, sensual y austera, envuelta en su capa de niebla. Cualquier cara no deja de sorprendernos.

Cuando me preguntan de dónde soy contesto orgullosa: «Soy italiana». Cuando me dicen de qué ciudad provengo digo: «De Venecia». Puede que esta urbe no haya sido mi cuna de nacimiento, sin embargo me ha acogido durante un importante período de mi vida. Me ha hecho crecer, madurar y me ha enseñado que en todas las cosas hay superficies demasiado llanas y fáciles de juzgar; pero que detrás de lo que a primera vista resulta sencillo, hay una cara más densa y relevante, en la que hay que adentrarse para comprender que detrás de lo que creíamos conocer hay algo más, hay substancia.

[Autora: Sara Beltrame]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s