Viajando de la mano de David Rull

David Rull y África, o más exactamente Egipto, parecen ir de la mano. No hacen falta muchas sesiones, quizá ni siquiera muchas horas, para intuir que David Rull desprende pasión por esta tierra y su historia. Y así nos lo transmite a quienes, sentados, esperamos absorber todo conocimiento posible, algo que nos haga entender nuestro presente mediante un pasado lejano.
Le damos la mano a este egiptólogo que nos introduce en el mundo de la divulgación histórica, arqueológica y cultural del periodismo de viajes. Nos ofrece unas pinceladas sobre temas especializados a nivel científico y de ahí nos conduce a las diversas maneras de transmitirlo a un público que quiere viajar y conocer. Todos pueden ir en el mismo saco: viajeros y turistas; turistas y viajeros; nosotros debemos —intentar— hacer accesible este conocimiento a quién lo demande.
Retrocedemos al pasado de nuestro pasado, para encontrar huellas y restos ancestrales que nos descubran unas cosas y nos hagan preguntarnos otras.

Foto David Rull                Fuente: David Rull

Nos llega un oleaje de guías de viaje; mismos lugares, diferentes maneras de contarlos, de introducirse en ellos, de transmitirlos. El viajero parte de un estado de desconocimiento, pero antes de partir (cuando en realidad ya ha empezado el viaje), investiga, pregunta, indaga e intenta empaparse de ese lugar al que llamará destino. En este paso previo al traslado físico, podemos contribuir a que el viajero vaya desgranando una información saboreada poco a poco, permitiendo que él mismo cree una imagen a su parecer, intentando desprenderse de un etnocentrismo que le acompaña —nos acompaña— de forma intrínseca. Culturas mirándose así mismas, hacia dentro, hacia un interior desde el que juzga cuán diferente son otras culturas. Naturalidad comprensible, no por ello nos debemos conformar. Equilibrio que podemos hallar observando, escuchando e intentando transmitir de unas maneras y otras, como hiciera Heródoto interpretando el mundo a través de sus viajes.

Formas de viajar tan complejas de definir como el tiempo; formas que fluctuarán desde un enfoque arqueológico, hasta cultural, pasando por el antropológico, sostenible, religioso, aventurero, literario y tantas etiquetas como Rull nos nombra y nosotros podamos investigar, crear o imaginar. Y al etiquetar nos adentramos en un paseo por el mundo sin movernos de nuestras sillas. Fotografías y anécdotas bailan entre las pirámides de Egipto, en los textos religiosos más antiguos de la Humanidad, en la eternidad de cámaras fúnebres, en la importancia del canal de Suez para la comercialización de enseres entre Europa y África. A lo lejos, allá entre el Nepal y el Tíbet, nos llega un mapa de la montaña sagrada Kailas —centro del mundo para unos, lugar desconocido para otros—, donde su lago Manas Sarovar da vida al río Ganges. Las aventuras de Lawrence de Arabia vuelan desde Jordania, para seguir con la mochila hasta Leptis Magna, en Libia, una de las ciudades romanas más antiguas del mundo.

Nos quedamos con la cooperación que propone Rull, ese círculo redondo que nos dibuja donde sinergia y multidisciplinariedad se rodean de científicos, técnicos, logística y comunicadores para converger en el punto donde los puentes se encuentran y dejan de ser puentes, donde los científicos pueden llegar a ser buenos comunicadores y los comunicadores buenos científicos, si se han usado los puentes adecuados para llegar hasta el lugar.

[Autora: Alba Teixidor]

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