CERDEÑA, el amor de verano

Este verano visitando el norte de Cerdeña me he vuelto a enamorar de Italia.

CERDEÑA está formada por pequeñas ciudades y pueblos que forman una gran isla, conocida como el Caribe mediterráneo, poco conocemos de su arte, cultura, gastronomía, su gran patrimonio arqueológico …

Un lugar poco masificado de turismo, donde hay innumerables paisajes, pueblos, playas por descubrir y todo pasa sin prisa, a cámara lenta.

Cerdeña no tiene un color especial   como dice la canción, Cerdeña tiene muchos, los verdes y marrones de la naturaleza, todos los tonos de ocre hasta los rojizos que colorean sus casas, pero sobre todo tiene AZULES, toda la gama de azules que puedas imaginar está en sus aguas, da lo mismo que sea una playa, una pequeña cala o estés en altamar, si miras al infinito veras varias tonalidades del color.

Además, tiene un hilo musical propio que te acompañara durante todo el viaje, LOS GRILLOS, en el mar o la montaña,  en ciudades o pueblos, ellos siempre están ahí.

Sus gentes son otra de sus maravillas, son amables, discretos y muy hospitalarios, aman a su tierra y están dispuestos a compartirla con los visitantes siempre que la cuiden y respeten.

La isla, además de sus playas tiene mucho que ofrecer, como el casco histórico de Alghero, amurallado y frente al mar donde puedes callejear, y visitar pequeñas tiendas.

Stintino es otro de los pueblos de pescadores que no puedes perderte, en sus calles homenajean a sus ancianos pescadores de atún colgando en sus muros grandes fotografías de ellos “laborando”.

Castelsardo, con su castillo en la cima de la montaña, encontrarCastelsardo (4)as a señoras en la puerta de su casa vendiendo cestos que han confeccionado ellas mismas.

Si quieres conocer la zona más “chic” acércate a la zona de   Costa Esmeralda, Porto Cervo, La Madalena, además de magníficos paisajes encontraras todo tipo de barcos, yates y tiendas exclusivas.

No te olvides de Olbia, situada en medio de Costa Esmeralda es una pequeña ciudad, en el corso Umberto I una de las calles más típicas, encontraras interesantes edificios del siglo XIX, cafeterías, tiendas y sobretodo la preciosa iglesia de San Paolo.

También hay que visitar San Pantaleó, un pequeño pueblecito de interior rodeado de montañas, donde todo ocurre alrededor de la plaza de la iglesia con pequeños bares y tiendas que a la vez son galerías de arte y artesanía.

Si todo esto lo acompañamos de buenos vinos de la zona y una maravillosa gastronomía, cocina mediterránea, quesos estupendos, pescado fresco, sobretodo atún y pez espada exquisito “a la costra”, además de maravillosos postres y helados. El resultado final es inmejorable.

Dejamos la isla con la esperanza y el deseo de volver

ARRIVEDERCCI SARDEGNA, SPERIAMO DI TORNARE PRESTO

Javier Sánchez
Agosto 2016

Las arrugas de Venecia

Campanario de San Marco (Fuente: Sara Beltrame)

¿Es verdad que en Venecia no hay coches?» «No me puedo imaginar vivir en una ciudad donde tienes que ir andando a todos los sitios.» «¿Es verdad que Venecia huele?» «¿Es verdad que en Venecia hay basura en todos lados?» «¡Qué ciudad más cara Venecia!» «Qué ciudad más incómoda y húmeda, con todos estos puentes… horrible.»

Estas preguntas me arañan profundamente el alma, me decepciona y me deja una sensación de vacío, porque la mayoría de la gente se para en el espectro de la primera impresión y no mira más allá. Tales convencionalismos prejuzgan el gozar de tanta maravilla reunida en una sola ciudad.

Yo considero Venecia una joya preciosa, que ha ido conservando detrás de su arrugas, debidas al paso de los siglos, su unicidad, su carácter, su áurea de misterio, sus secretos y historias.

Turistas, visitantes, incluso muchos autóctonos la miran, pasean por sus calles, pero no la observan con ojos atentos. No le dedican el tiempo necesario para comprenderla en toda su esencia. La gente se para a comprar productos de artesanía local y otros corren hacia sus lugares de trabajo, no se fija en todo lo que esta ciudad realmente ofrece. Sin calma ni paciencia, se perderán los pequeños detalles que hacen esta ciudad peculiar. No llegarán nunca a oler el perfume del pan horneado a las cinco de la mañana, que impregna cada centímetro de la calle Cordellina; no podrán contemplar con curiosidad a la gente tan emocionada por el raro fenómeno del acqua alta, que se sumerge en aquel líquido que resulta ser agua de cloaca. No llegarán a interpretar los gritos de los gondoleros gritando «oe» para indicar sus presencia en una vía de agua. Ignorarán el gusto de pasear por la noche descubriendo melodías que provienen de una iglesia abandonada donde un grupo de concertistas ensaya; se perderán el encanto del campo San Giacomo dell’Orio en las bochornosas noches de verano, cuando se transforma en una pequeña sala de tango argentino con sus sensuales bailarines. Sin huir de los recorridos consuetudinarios, no experimentarán la fascinación de perderse entre un laberinto de callejones. No alcanzarán a escuchar el silencio de una ciudad desierta por la noche o el gusto de sentarse en la proa de un vaporetto que se desliza a través de las aguas del Canal Grande, admirando con la cabeza reclinada, los palacios iluminados en toda sus magnificencia.

Venecia tiene mil máscaras, todo depende del rincón desde el que se la escrute.Venecia huele a talento, a polvorientas bibliotecas, rezuma de armascarastistas, de habitantes extravagantes que parecen permanecer bloqueados en una época pasada. Esta es una ciudad de los miles matices y máscaras. Se pone una para cada estación del año, para cada hora del día y de la noche, mutando silenciosa su aspecto. Resulta así aparecer como loca y borracha durante los días de carnaval, romántica, sensual y austera, envuelta en su capa de niebla. Cualquier cara no deja de sorprendernos.

Cuando me preguntan de dónde soy contesto orgullosa: «Soy italiana». Cuando me dicen de qué ciudad provengo digo: «De Venecia». Puede que esta urbe no haya sido mi cuna de nacimiento, sin embargo me ha acogido durante un importante período de mi vida. Me ha hecho crecer, madurar y me ha enseñado que en todas las cosas hay superficies demasiado llanas y fáciles de juzgar; pero que detrás de lo que a primera vista resulta sencillo, hay una cara más densa y relevante, en la que hay que adentrarse para comprender que detrás de lo que creíamos conocer hay algo más, hay substancia.

[Autora: Sara Beltrame]