El Festival de la Mitad de Otoño en China

El día 15 del octavo mes del calendario chino es el Festival de Mitad de Otoño, y es cuando se puede ver la luna llena brillando en la noche oscura. Los pueblos antiguos llevan siglos celebrando este día que da comienzo a la gran cosecha de otoño.

Hoy en día, este festival tiene un significado más referente a la reunión entre amigos y familiares. Este día se celebra con muchas costumbres culturales entre las cuales, hacer y compartir pasteles en forma de luna es lo más usual.

En la cultura china, la forma redonda simboliza la integridad y el reencuentro. Por lo tanto, el intercambio y por supuesto el comer los pasteles de luna entre los miembros de la familia y seres queridos durante el festival representa esa integridad y unidad que es tan importante.

El país se llena de pasteles en forma de luna, te atreves a probarlos?

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Autor: China a la Carta

EXPERIENCIAS ÚNICAS EN CHINA

China es un país de una enorme riqueza cultural,  conocida en el mundo entero por su cultura milenaria. Muchas de las tradiciones de China se han ido manteniendo desde la antigüedad hasta el día de hoy.

Pese a que China sea a día de hoy un país que avanza económicamente a una velocidad de vértigo, muchas de estas costumbres chinas se siguen practicando en el día a día.

Hemos diseñado una serie de experiencias enriquecedoras y exclusivas  que le permitirán entender mejor la cultura milenaria de este país. Muy pocos visitantes llegan a experimentarlas, aún siendo muy típicas de China. Le garantizamos que no le dejarán indiferente.

Una  combinación perfecta para un viaje inolvidable en este país de grandes contrastes. China, ¡un gran país!

  • Comer en la Gran Muralla: Disfrute de un almuerzo semi-formal sobre la Gran Muralla con magníficas vistas¡¡¡

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  • Duerma en un Palacio de verano: Alójese en el Palacio Imperial más impresionante de China

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*Audiencia privada con un monje: Tenga una conversación privada con un monje y aprenda sobre su estilo de vida y costumbres.

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  • Acérquese a los guerreros desde  un acceso VIP:  Experimente el privilegio de bajar un nivel para estar más cerca de los guerreros de terracota

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  • Masaje cabeza, cuerpo y pies: Cierre los ojos y déjese seducir por unas manos expertas

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  • Chequeo de medicina tradicional china: Experimente en primera persona, un chequeo de esta milenaria medicina.

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Autor: China a la Carta.

 

 

 

Las nebulosas montañas de Yangshuo

YangshuoHace algunos años me di cuenta que, en mi parcela mental viajera, había empezado a categorizar los lugares a los que viajaba. Era como si hubiese introducido pequeñas cajitas en mi cerebro, cada una con su cartelito, y dentro de ellas los lugares correspondientes según la experiencia vivida. Por un lado, tenía las zonas del mundo que me habían gustado tanto que podría volver a visitar algún día. Por otro, estaban los que me habían robado un pedacito de corazón y habían dejado tal huella dentro de mí que podría vivir allí por un tiempo. Y por último, establecí una categoría de lugares que, lejos de arrepentirme de haber visitado, no veía el motivo para volver a pisar –checked.

Pasado algún tiempo y con las cajitas cada vez más llenas, me daba la impresión que habían lugares que saltaban de una cesta a la otra, desde las ganas de regresar a esos parajes hasta rozar la tentación de quedarme allí por algún tiempo. Y ese es el caso de Yangshuo, una población rural al sur de China.

La primera vez que visité Yangshuo fue casi por casualidad. Andaba por Hong Kong, ciudad que alberga el mayor número de rascacielos del mundo, y unos amigos nos recomendaron hacer una incursión a la China más rural. Así que decidimos coger un metro que nos llevó hasta Shenzen, ciudad fronteriza donde mostrar el visado chino, sellar pasaportes y percatarte que China no es Hong Kong. A penas estuvimos unas horas en Shenzen, lo necesario para descubrir que entender y hacernos entender iba a ser tarea ardua. También dio para comer los primeros dumplings, observar una ciudad industrial, dura, coloreada por neones y descubrir la inexistencia de las tazas de váter. Los baños a base de agujeritos en el suelo – algunos comunitarios, todos escasos de limpieza-, iban a ser nuestra nueva realidad.

Tras diez horas de autocar nocturno llegamos a Guilin, ciudad situada al norte de la provincia de Guanxi. El alba nos pilló paseando por el parque botánico, donde sus lugareños daban la bienvenida al día con sesiones de yoga, tai-chi, juegos de bádminton, estiramientos varios… y todo ello al aire libre. Las agujas marcaban las 7 de la mañana cuando la ciudad empezaba a vestirse de puestecitos callejeros donde proveerse de carnes, frutas, verduras… mientras, los desayunos humeaban a base de fideos sorbidos con sonido (es culturalmente adecuado hacer ruido al sorber, es símbolo de buena educación).

Desde Guilin tomamos una pequeña barca de bambú con la que descendimos por el río Li. Navegamos por las aguas tranquilas del arroyo, rodeados de impresionantes montañas cubiertas de vegetación. Resultó ser uno de los paisajes más extraordinarios y preciosos que había visto jamás. A día de hoy sigue siéndolo. Entre aquellos macizos de formación karst, me sentí como en un cuento de fantasía. Aquel bote de bambú nos llevó de Guilin a Yangshuo, e incluso algo más, pareció que las aguas del río Li y sus nebulosos cerros nos transportaron a otro mundo, tanto por lo que fuimos descubriendo exteriormente, como el camino que iniciamos hacia nosotros mismos.

Yangshuo está ubicado al sur de la provincia de Guanxi y a orillas del rio Li y Yulong. Turismo local y mochileros venidos de todos los rincones del mundo, decoraban sus calles con tenderetes, restaurantes de comida deliciosa y algún bar donde tomar una copa. Salimos de ese epicentro comercial, y hallamos una ciudad que latía en forma de campos de arroz, barquitas de madera practicando la pesca del cormorán, escuelas de tai-chi y calles donde la ley de la selva estaba servida. Recorrer sus caminos y campos en bici fue una experiencia interesante: en la misma carretera coches, motos, tractores, vacas, carros tirados por personas, caballos y niños que correteaban desnudos, intentaban abrirse paso y sobrevivir a la ley del más fuerte y el más hábil. La vida se hallaba en cada metro que dejábamos atrás en cada pedaleo.

Las montañas y las aguas del río nos acompañaron en todo momento, haciéndose visibles y perennes en todos y cada uno de los días que pasamos en esas tierras.

Una sugerencia: El viaje es tuyo, y único. El resto, tómalo como una recomendación de un viaje único para otra persona. 

[Autora: Alba Teixidor]