¿Que tal en Gambia?

Gambia - cedida por Asier SuescunHoy, alguien quien de viajes sabe un rato, me leía algo que decía que la mente y el cuerpo no viajan a la misma velocidad, que el cuerpo puede recorrer miles de kilómetros en pocas horas, pero la mente tarda tres días en aterrizar. Antes ha de pasar la frontera de la noche y del día hasta que se dé cuenta de dónde está y, entonces, justo entonces, será el momento de saltar, de dar un salto que sirva para recibir a la mente y mostrarle a dónde acaba de llegar.

Historias, personas, paisajes que salen al paso y entonces pones por un momento el piloto automático en tu cuerpo y sacas tu mente a mirar, te miras desde fuera y comprendes, mejor dicho tratas de hacerlo, lo curioso y diferente que es todo lo que te rodea en ese momento. Cómo has llegado hasta allí, cómo podías haberte imaginado que algún día estarías viviendo algo así, en un lugar tan lejos de cualquier lugar y con esa gente que hasta ahora no existía y que puede que solo juegue ese pequeño papel en tu vida. Este paseo de la mente tampoco es bueno hacerlo durar demasiado, ciérralo con una sonrisa, con un brindis de cervezas, con un… con un salto, busca tu salto, acompaña a la mente de vuelta al cuerpo y disfruta, vive, sobre todo, vive el momento.

¡Y saca muchas fotos! Simplemente mira, mira bien y pestañea, estás ahí. Estás ahí ahora, esa es la foto, vívela con los ojos y recuérdala para siempre. Cuando vuelvas explícala y puede que la sonrisa que te salga al hablar de aquello diga mucho más que un pendrive cargado de gigas.
Acabo de llegar, mi cuerpo llegó el domingo y, después de una semana aterrizó mi mente. La vuelta, a veces, es más lenta y más dura que la ida, tanto trabajo para comprender tan insólitas situaciones, tantas experiencias vividas, tantas vueltas a la cabeza para ni siquiera entender por qué unos tenemos tanto y otros tienen tan poco.
[Autor: Asier Suescún]

Viajando de la mano de David Rull

David Rull y África, o más exactamente Egipto, parecen ir de la mano. No hacen falta muchas sesiones, quizá ni siquiera muchas horas, para intuir que David Rull desprende pasión por esta tierra y su historia. Y así nos lo transmite a quienes, sentados, esperamos absorber todo conocimiento posible, algo que nos haga entender nuestro presente mediante un pasado lejano.
Le damos la mano a este egiptólogo que nos introduce en el mundo de la divulgación histórica, arqueológica y cultural del periodismo de viajes. Nos ofrece unas pinceladas sobre temas especializados a nivel científico y de ahí nos conduce a las diversas maneras de transmitirlo a un público que quiere viajar y conocer. Todos pueden ir en el mismo saco: viajeros y turistas; turistas y viajeros; nosotros debemos —intentar— hacer accesible este conocimiento a quién lo demande.
Retrocedemos al pasado de nuestro pasado, para encontrar huellas y restos ancestrales que nos descubran unas cosas y nos hagan preguntarnos otras.

Foto David Rull                Fuente: David Rull

Nos llega un oleaje de guías de viaje; mismos lugares, diferentes maneras de contarlos, de introducirse en ellos, de transmitirlos. El viajero parte de un estado de desconocimiento, pero antes de partir (cuando en realidad ya ha empezado el viaje), investiga, pregunta, indaga e intenta empaparse de ese lugar al que llamará destino. En este paso previo al traslado físico, podemos contribuir a que el viajero vaya desgranando una información saboreada poco a poco, permitiendo que él mismo cree una imagen a su parecer, intentando desprenderse de un etnocentrismo que le acompaña —nos acompaña— de forma intrínseca. Culturas mirándose así mismas, hacia dentro, hacia un interior desde el que juzga cuán diferente son otras culturas. Naturalidad comprensible, no por ello nos debemos conformar. Equilibrio que podemos hallar observando, escuchando e intentando transmitir de unas maneras y otras, como hiciera Heródoto interpretando el mundo a través de sus viajes.

Formas de viajar tan complejas de definir como el tiempo; formas que fluctuarán desde un enfoque arqueológico, hasta cultural, pasando por el antropológico, sostenible, religioso, aventurero, literario y tantas etiquetas como Rull nos nombra y nosotros podamos investigar, crear o imaginar. Y al etiquetar nos adentramos en un paseo por el mundo sin movernos de nuestras sillas. Fotografías y anécdotas bailan entre las pirámides de Egipto, en los textos religiosos más antiguos de la Humanidad, en la eternidad de cámaras fúnebres, en la importancia del canal de Suez para la comercialización de enseres entre Europa y África. A lo lejos, allá entre el Nepal y el Tíbet, nos llega un mapa de la montaña sagrada Kailas —centro del mundo para unos, lugar desconocido para otros—, donde su lago Manas Sarovar da vida al río Ganges. Las aventuras de Lawrence de Arabia vuelan desde Jordania, para seguir con la mochila hasta Leptis Magna, en Libia, una de las ciudades romanas más antiguas del mundo.

Nos quedamos con la cooperación que propone Rull, ese círculo redondo que nos dibuja donde sinergia y multidisciplinariedad se rodean de científicos, técnicos, logística y comunicadores para converger en el punto donde los puentes se encuentran y dejan de ser puentes, donde los científicos pueden llegar a ser buenos comunicadores y los comunicadores buenos científicos, si se han usado los puentes adecuados para llegar hasta el lugar.

[Autora: Alba Teixidor]

Nuestro guía: Un primate domesticado por la cultura

«Soy un primate domesticado por la cultura.» Así se define a sí mismo Jordi Serrallonga, naturalista, escritor, guía de expediciones, productor y asesor científico, apasionado investigador de campo en África, América y Australia.

Acompañados por el profesor Jordi Serrallonga, iniciamos un periplo a través de la evolución humana y la aventura de la ciencia, con el objetivo de entender el viaje como fuente de conocimiento.

El Profesor Serrallonga nos aseguró que las ganas de moverse hacia lugares desconocidos es algo inherente a la genética del ser humano. Desde sus orígenes, el ser humano siempre ha sentido interés y curiosidad por viajar, ir más allá, experimentar ese estremecimiento que causa lo que no se conoce, y percibir el riesgo que eso implica.

El bipedismo, alcanzado hace casi cuatro millones de años, y la colaboración entre seres semejantes ha permitido al hombre la supervivencia como especie. Aun así, a lo largo de la historia han surgido diversas preguntas que han suscitado un enorme interés, y no solo entre la comunidad científica: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Cómo hemos llegado a ser lo que somos? ¿Por qué somos diferentes de los animales y desarrollamos cultura a través del aprendizaje?Entre el 1700 y el 1800, eclesiásticos (Husher) o científicos (Lineo Cuvier y Lamarck) expusieron diferentes teorías sobre el origen del ser humano, como el creacionismo o el transformismo catastrófico. Sin embargo, no fue hasta que un joven estudiante llamado Charles Darwin, fascinado por los estudios del filósofo y científico William Whewell, abandonó la carrera eclesiástica para embarcarse en el viaje que cambió su vida y que le permitió convertir sus teorías en cánones científicos. Gracias a cinco años de viaje por lugares desconocidos y a una vida dedicada a estudiar los datos recopilados durante este periplo, Darwin formuló la tesis que cambió la teoría sobre los orígenes de la humanidad. Darwin desmintió la idea de que el origen del ser humano se encontraba en Europa y lo trasladó a África, desmantelando todas las teorías aceptadas como preceptos por la Iglesia. Con un tono extremamente blasfemo para la época, afirmó que el ser humano procedía de un animal: el mono. Además, sostuvo que el ser humano ha sufrido una evolución gradual y una adaptación climática-ambiental a lo largo de la historia de la humanidad. Actualmente es por todos sabido que el hombre y el chimpancé comparten un antepasado común.

El soñar ha permitido a diferentes personalidades lograr que a través del viaje se proyectara una forma de aventura y conocimiento al servicio de la investigación científica. Este legado se lo debemos a Darwin, Jacques Cousteau, Dian Fossey, Jane Goodal, Chapman o Sabater Pi, entre otros. El poder de la prensa y de los medios de comunicación han permitido, tanto ahora como en el pasado, la divulgación científica de teorías e hipótesis expuestas por investigadores. Gracias a estas publicaciones los científicos pudieron perseguir y financiar sus sueños y aventuras al servicio del saber.

PersonalidadesSabater Pi,Lamarck,Louis & Mary Leackey,Diane Fossey,Jane Goodall

El conocer para conocer es un binomio que ha permitido más veces que la humanidad se forjara de ideas erróneas y superficialmente primitivas para avanzar en la búsqueda de una perspectiva más apta y verdadera. Ésta es la verdadera clave de la evolución.

[Autora: Sara Beltrame]