La Garganta del Diablo

Garganta del Diablo

6 jóvenes decidimos poner rumbo al norte de Argentina. Tras 19 horas en ómnibus desde Buenos Aires, por fin pisábamos el pueblecito de Iguazú. Enérgicas y con ganas de estirar las piernas, decidimos encaminarnos hacia la frontera con Brasil y deleitarnos con las vistas panorámicas a tal maravilla del mundo.
Regresadas a Argentina, pasamos el día siguiente recorriendo de cerca las Cataratas de Iguazú, tan de cerca que en uno de los tramos tomamos una barca que nos arrimó hasta prácticamente quedar tapadas por una cortina de agua que mojaba y helaba la piel en el mes de agosto, invierno en Argentina. Con nuestros chubasqueros y nuestras sonrisas sentimos las gotas en la cara y esa sensación de estar palpando uno de esos lugares únicos en la tierra.
Pasamos el día de arriba abajo atravesando puentes de madera, trepando escaleras en pequeñas islas desde donde divisar panorámicas preciosas, tomando trenecitos que recorrían el parque entero hasta que, llegó el momento, el esperado, el deseado, el imaginado… instante en que pusimos rumbo hacia la Garganta del Diablo. Caminamos por una pasarela que atravesaba aguas, ríos, balsas, lagos, maleza… Íbamos acompañadas de otras tantas personas que, como nosotras, habían dejado el mejor bombón de la caja para el final de la jornada, el momento en que caía la tarde y la luz blanquecina del cielo, con rojos, malvas, naranjas y amarillos se difuminó al tocar con un agua brava que se abría ante nosotras. Llegamos al filo de la pasarela donde por un momento tuvimos la impresión de que la tierra se había resquebrajado, furiosa y atrevida, para dejarnos ver unas entrañas inundadas de fuerza en forma de agua. El vaho caía y salpicaba. Magnitud e impresión. Desde la barandilla admirábamos tal espectáculo y las 6 convergimos en que, realmente, era la guinda que coronaba un pastel delicioso.
En aquel momento me hice una pregunta ¿Qué hubiera pasado si hubiésemos empezado nuestra jornada visitando la Garganta del Diablo? ¿Hubiese hecho que el resto de visita al parque no hubiese resultado tan fascinante? Y hoy vuelve a mi mente. ¿Puede suceder lo mismo con los viajes? ¿Influye de alguna manera por qué países, lugares, experiencias empieces para que el resto queden supeditadas a ello?

[Autor: Alba Teixidor]

Un descobriment

Molts viatgers coincidim en que tot i haver-nos organitzat el nostre viatge reservant dos, o com a molt, tres dies per estar-hi, acabes necessitant més. I és que El Chaltén t’acaba atrapant.
No saps ben bé quin és el motiu de tal seducció.  Potser són el Fitzroy i el Cerro Torre que el protegeixen majestuosos, potser és el saber-te perdut enmig de tanta aridesa, potser és  imaginar aquell lloc com la fi del món de tan sol que està, però el cert és que El Chaltén t’hipnotitza i sents un foradet ben endins quan decideixes marxar.
Alguna cosa succeeix en tu i mai més seràs el mateix.
Aquesta és la sensació que vaig tenir jo en mi mateixa, no sóc la mateixa dona que va arribar a El Chaltén i celebro aquesta saccejada que m’ha fet adonar-me que necessitava tornar a fer un canvi en la meva vida.
Us animo a deixar-vos seduir per El Chaltén i descobrir què us té reservat per cadascun de vosaltres.

Foto cedida per Miriam Jiménez[Autor : Miriam Jiménez]